domingo, mayo 21, 2006

Y la tarde fría me clavó sus colmillos...


A Victoria que atendió el teléfono,
a la vocesita de porcelana graciosa y agradable
y a otros,
gracias por el apoyo de siempre.


No es para nada un escrito filosófico, ni poético, ni político. Sólo biográfico. Las disculpas del caso.
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Hoy me desperté triste y sin razón.
Para cuando reaccioné me encontraba bajo la ducha,
húmedo.
Hacía ya más de 25 minutos que me encontraba titiritando
bajo el agua y recién lograba ordenar mi cabeza para pensar en algo
concreto.

Me perdí entre las difusas imágenes de los sueños recién vividos
y de lo que no recuerdo haber vivido
pero sé que sucedió.

Cuando recordé que estaba vivo
ya me encontraba en vieja la plaza,
sentado mirando a las personas vivir, soñar en parejas,
reír, desesperarse...
Algunos ni se daban cuenta
de que existen otros seres en este mundo que no sean ellos...

Tres horas, es increíble,
ya son tres horas de estar aquí en la plaza
sin ninguna razón válida para el mundo,
tres horas sin concretar un pensamiento
y tres horas de ver todo lo que no ocurrió nunca,
todo lo que puede ser y lo que nunca será también.
¿Es posible pasar tres horas sin existir y despertarse a intervalos irregulares
pensando en querer pensar?
Existía, debo disculparme, pero no era...

En un arrebato de lucidez
marqué el único número telefónico que recordé:
-¿en dónde estás?
-no lo sé... en la plaza, creo.
-¿qué te pasa? decíme, ¿qué es lo que tenés?, me preocupás...
-nada, sólo nada... ¿querés acompañarme?
-no puedo, vós sabés que si yo pudiera estaría ahí, pero hoy no puedo ir... ¿pero qué es lo que tenés?
-nada, gracias... estoy bien, tranquilizáte... es sólo un pequeño arrebato de melancolía, creo... ya pasará...
-¿seguro? no te quedés ahí, vete para tu aparta. no te quedés solo.

Otra hora.
Murió una hoja y el funeral lo efectuó
el viento.
Otros 15 minutos.
¿dónde desperté?
aquí, disimulando los rasguños de una tarde
fría, una tarde vacía.

-¿Qué en dónde estuve? por ahí...

mientras mi mirada se perdía en el aire,
una mano me acarició la frente,
acomodando un mechón de cabello que siempre me caía en los ojos...

-¿Qué te pasa?- me preguntó una voz pequeña, simpática y agradable.

¿Qué le iba a decir a una creatura de porcelana que me miraba inquietamente, como preocupada?

-Nada, tengo sueño...

Así transcurren los días desde que tengo razón,
bueno, desde que conservo recuerdos,
confusos pero recuerdos.


C. Del Valle

3 comentarios:

LAbarta dijo...

bueno, pero no puedo evitar sentirme un poco mal por el protagonista. Me siento mal no por lo que le pasa, sino porque parece no disfurtarlo. Disfrutar de tener tiempo para detenerse y observar, de tener una Victoria a quien llamar, de tener la suerte de despertar la inquietud de una niña de porcelana.

Cuantos desearamos la simpleza de esa suerte.

Patetico!!!

C. Del Valle dijo...

Sería genial disfrutar de esa naturaleza triste y simple, pero cuando no es es, sino que sólo se existe noes posible disfrutarla. En realidad el problema no es que Victoria atienda, ni que la vocesita inquieta me pregunte que sucede, el problema ni siquiera está en mirar a todos pasar sin mirar a nadie en especial; el problema es no poder ser cuando se existe.
Algo así,
saludos

Valen dijo...

La existencia desde el bizarro del absurdo del no ser puede darle alas y razón de existencia a un texto... Eso basta, al menos para esta voz al otro lado del teléfono. Aveces vos no sos y yo tampoco pero estamos ahí, aquí... en nuestras letras, aunque no querás!