jueves, febrero 01, 2007

Noche

A Marcela con admiración,
te merecés este escrito y más.

La luz aprendía cómo ser agua
Derramándose de las ventanas
Altas,
Formando riachuelos desde los balcones
Hasta las aceras desprevenidas.

Las sombras jugaban a ser
Reinas del mundo oculto de la noche,
Mientras las almas humanas
No deseaban salir de sus casas,
Y en efecto, no lo hacían.
Sólo una pena mortal,
Una pena de hombre que se atrevía
con los rasguños de sus pasos,
a deshacer la soledad
De las calles,
la intranquilidad del frío,
el viaje frenético del viento.

Mientras caminaba por el vacío-oscuridad
Del camino,
Los ecos una muchedumbre
Llegaron a inquietarme;
Los ecos de una muchedumbre ausente,
Lejana.
La pena me envolvía
Y una sensación incómoda
nacía en mi pecho,
una melancolía
capaz de hacerme vagar sin sentido
por la noche, por la sombra, por el frío.

Intenté librarme de esa pena,
de la melancolía, de la sensación de amarga
como quien se sacude alguna especie
de seres que trepan por la piel y mordisquean el alma triste.

Lo intenté, créanme, intenté deshacerme de esa tristeza,
De la desesperante sensación de olvido,
Sin embargo fue inútil.

No comprendía porqué ahora me desesperaba
Respirar,
Porqué vagaba sin compañía
Cuando me esperan los brazos cálidos
De la compañera que quiero,
¿porquè vagar sin rumbo, sin compañía,
Cuando la noche libera al frío-indiferencia?
Los sombríos árboles se retorcían
En un tenebroso saludo de dolor,
O simplemente es un crujido de viento insolente.

El olor a enmohecida soledad ha llegado
Al borde de mis narices,
la ausencia de sonrisas
De esta calle
Transforma a la luna en nostálgico recuerdo
De un pasado que no puedo descifrar.

Siento cómo aquella pena
Crece y se vuelve pasada,
Cómo el silencio causa más
Desesperación,
Como en la noche se extingue un corazón
Cercano…

Las nocturnas aves
Parecen no agradarles ni solitario paso,
Me espían amenazantes
Con sus ojos-garras.

El viento arrastraba
Más intensamente al frío-gemido,
Mientras susurraba a mi oído
Sollozos lejanos…

Desperté de un golpe
Del encanto triste de las sombras:
¡Alguien a quien quiero
está muriendo por su mano,
a solas!

C. Del Valle

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