miércoles, febrero 18, 2009

Abrazos


A Daniela; que en su pequeña playa se tira boca abajo no para broncearse, sino para abrazar al mundo.
A Murcia. Compadre, puede que si jugamos a la lotería todas las papas sean de carbón; pero eso sí que no es papa sin sal… Bienvenido.
Y a Camila, mi compañera de riesgos, de victorias... qué bien que se acomodan mis brazos alrededor tuyo.
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He de admitirlo,
nunca fui bueno para decir esperanza,
abrazo y calma.
He de confesarlo,
los curas nunca me cayeron bien
ni la familia fue mi refugio;
siempre grité bares,
calles, noches,
duros golpes y silencio.

Sin embargo,
hoy despierto y puedo gritar que creo,
realmente creo
en vos, en mi mano y la tuya,
en el fraternal abrazo de la lucha.

Creo que si el pecho se agitara
enfrentando las armaduras
puedo contar con que mis brazos se aferrarán
en cadena liberadora con los brazos de los míos,
de los que también creen en el calor humano.

Puedo abrazarme a la vida,
no con estúpidas ambiciones
y sueños de éxitos medianos
cimentados sobre golpizas
hermanas de la indiferencia,
sino abrazarme a ella con las ansias de devolverle
su liberadora belleza.

Creo en vos, en mí,
en el abrazo, en el calor y en la esperanza
de por siempre poder sonreír.
(...)

C. Del Valle
02/01/2009
incompleto

Anzuelos al aire..

Compré todas las velas el entierro de las hadas.
He sido cómplice de la colecta de piedras
para que tropiecen las almas
-y de paso la quiebra de algunas ventanas-.

De paso aprendí que para que los ineptos
a los que les persiguen los cuentos absurdos
-en la inconsistencia de sus atormentadas conciencias-
se obliguen a besar sus propios pies;
no hay nada mejor que las verdades ventiladas per se.

No tengo rompecabezas
para los chicos de las letras perdidas,
ni absurdos a escondidas
para los intelectuales asesinos que se reúnen en el internet a las siete.
No tengo a los enemigos
a flor de piel,
pero si alguno desea verme la cara lo espero en la calle que olvidaron los tranvías
el domingo a las seis.

No tengo frases que se recuerden
como utopías de veranos,
ni sueños para los hermanos de la melancolía
que invocan a la luna
a pasar las noches en absurdas agonías infernales.
Sin embargo,
estoy dispuesto a enseñarles
como se afronta su propio fracaso con una mueca
que no son capaces de entender.

Ni siquiera conozco los lugares obstinados
en la pasión de enfermarse,
ni escritores de bolsillo,
ni sueño con fumar en los pasillos si uno puede instalarse en un cuarto a sus anchas.

No tengo pasiones canallas que no valgan la pena o la gloria.
Ni busco ni conservo atrocidades
como trofeos de estúpidas victorias.
Ni me hacen falta.
Para qué.

No conservo en alcohol
besos de flores muertas en el recuerdo amargo de un trago de ron.
Ya no, para qué.
Sólo conservo las manos libres.
Eso sí.
Libres para encontrar, para buscar, para encender el humo a cada nuevo viaje.
Libres, como vos. Libres, como yo. Libres.