miércoles, febrero 18, 2009

Anzuelos al aire..

Compré todas las velas el entierro de las hadas.
He sido cómplice de la colecta de piedras
para que tropiecen las almas
-y de paso la quiebra de algunas ventanas-.

De paso aprendí que para que los ineptos
a los que les persiguen los cuentos absurdos
-en la inconsistencia de sus atormentadas conciencias-
se obliguen a besar sus propios pies;
no hay nada mejor que las verdades ventiladas per se.

No tengo rompecabezas
para los chicos de las letras perdidas,
ni absurdos a escondidas
para los intelectuales asesinos que se reúnen en el internet a las siete.
No tengo a los enemigos
a flor de piel,
pero si alguno desea verme la cara lo espero en la calle que olvidaron los tranvías
el domingo a las seis.

No tengo frases que se recuerden
como utopías de veranos,
ni sueños para los hermanos de la melancolía
que invocan a la luna
a pasar las noches en absurdas agonías infernales.
Sin embargo,
estoy dispuesto a enseñarles
como se afronta su propio fracaso con una mueca
que no son capaces de entender.

Ni siquiera conozco los lugares obstinados
en la pasión de enfermarse,
ni escritores de bolsillo,
ni sueño con fumar en los pasillos si uno puede instalarse en un cuarto a sus anchas.

No tengo pasiones canallas que no valgan la pena o la gloria.
Ni busco ni conservo atrocidades
como trofeos de estúpidas victorias.
Ni me hacen falta.
Para qué.

No conservo en alcohol
besos de flores muertas en el recuerdo amargo de un trago de ron.
Ya no, para qué.
Sólo conservo las manos libres.
Eso sí.
Libres para encontrar, para buscar, para encender el humo a cada nuevo viaje.
Libres, como vos. Libres, como yo. Libres.

1 comentario:

DANIELA MUÑOZ dijo...

A ratos hay pocas mejores que instalarse en un cuarto a sus anchas, especialmente si el cuarto es ajeno o medio propio, o era no sé, bueno eso, cuando los cuartos se vuelven comunes, como creemos que se debe hacer.