viernes, junio 25, 2010

Carta.

¿Sabés que, niña?
Cuando despierto y ya no estás,
ando por la casa como un gato
buscando abrigo.

Imaginándote en la sala,
recostada en el sillón.

Busco los rastros de ti que has dejado en el aire,
la taza en la que bebes el café y las cenizas
del cenicero, y pienso en todo lo que hiciste
antes de salir.

Me pierdo recordando como te conocí,
disfruto de todo lo que hemos caminado,
lo que padecimos y lo que creamos juntos;
y al final, aunque el futuro sea extraño e incierto,
aunque este caos por ratos sea persistente en su afán de hundirnos,
sé que de tu boca nacerá otra sonrisa
y de la mía otro beso
para que volvamos a empezar.

¿Sabés qué?
Es cierto,
“No todo fue naufragar, por haber creído que amar
Era el verbo más bello”.

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