domingo, julio 08, 2012

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Me gusta cuando te reto, y te inventás una metáfora nueva para descifrar. Sentarme a desgranar palabras que casi pueden traerme el sabor de tu beso.

Me gusta la sensación a triunfo que en mí has logrado, esa manera de sentirme embriagado de vivir. Me gusta, sin dudarlo, la locura de encontrarte a deshoras en la soledad, de mirarte así de cerca, y que tus ojos brillen al rodar las palabras.

Me gusta disfrazarme de absurdo desconocido, aunque más me gusta tomar tu mano por la plaza, y entre las palomas y los músicos, tenerte lo más cerca, aquí contra mi pecho.

Me gusta, no lo puedo negar, cuando me retás a que no diga nada o mejor aún, cuando me has retado a hacer público un simple corazón. Me gusta el juego de tus labios (no saqués la lengua en público, porque nos podés meter en un problema).

Me gusta cuando tengo que regresar solo a mi casa, viajando distraído por la ventana del autobús, pero vuelvo la cabeza de pronto y descubro -grata sorpresa- que en el hombro de mi abrigo se quedó tu olor. Y me lleno de sensaciones nuevamente, y me dan terribles ganas de regresar.

Me gusta el café, el té y los helados. Pero más me gustaría verte despertar una mañana, sin prisa, sin relojes tiranos, ni asuntos de cada cual por atender. Enredarme nuevamente con calma en tu cabello y desayunar más besos y menos pan.

Me gustaría, en fin, algunas cosas más. Pero lo importante es que tienes tiempo y yo ganas de caminar.

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