domingo, septiembre 30, 2012

El sueño

Los inconclusos bailaban en las noches alrededor de un puñado de piedras, mirando de reojo a los extraños. Los extraños, parecen no importarles las piedras, y cuando la vida les pone unas cuantas en el camino, las usan para construir un puente.

Los extraños son felices construyendo, miran con cierta pena a los inconclusos, pero los entienden. Si el puente no fuera necesario para no ahogarse, ellos quizá también bailarían acumulando piedras. Bailar es divertido, y las piedras son bonitas, hay que admitirlo. Pero los extraños prefieren verlas como parte de un puente.

Los inconclusos no entienden el obsesivo sueño de los extraños, y una y otra vez lanzan ofensas y hasta tratan de arrebatar las piedras del puente que construyen.

miércoles, septiembre 26, 2012

Bestiario personal II

VI
Es casi imposible iniciar un texto sin debatir conmigo sobre el origen del mismo. La razón subyacente pues, y siempre termino en la misma conclusión: necesito decirlo sin preocuparme por las consecuencias.
VII
Eso conlleva dos problemas más profundos aún: Siempre estoy dispuesto a asumir las consecuencias, por más desastrosas que sean. Y por el otro lado, tengo la terrible suerte de haber nacido con la necesidad de decir muchas cosas, de una o de otra forma, pero decirlas. Y eso siempre será mal visto.
VIII
Siempre hago cosas un tanto raras, los inconclusos me miran extraño, y a veces me parece que los extraños me miran como ajeno.
IX
Hay cosas que me obsesionan. Y hay obsesiones que no puedo evitar. Entre ellas, hablar.
X
Lo peor en la vida no es andarse por ahí creyendo en fantasmas. Eso es lo socialmente aceptado. El problema está cuando uno no cree en espíritus, ni les prende velitas de esperanza a los muertos: la gente parece temerle a una noche sin fantasmas, por lo que no aceptarán nunca que alguien ya no quiera llorar. En resumen, tengo años de pelear no con mis fantasmas, sino contra los fantasmas que la gente quiere inventarme.
XI
Hay una obsesión que siempre me mete en problemas, y aún así la sigo haciendo: me gusta mezclar mi vida, con la fantasía de vivir. Los problemas surgen cuando lo cuento: entonces quienes lo leen, piensan que lo verdadero es falso, y que mi verdadera vida es una buena ficción.
XII
Dos veces, que recuerde, me he visto frente a frente con la palabra insufrible. Las dos ocasiones hemos tenido que batirnos a muerte. Siempre pierdo, y tengo que admitir que lo soy.
XIII
Todo texto es parte de su contexto. Yo, soy parte de un universo muy particular. La vida se puso mejor cuando admití que mi contexto, es buscar el sencillo placer. Escribir un bestiario como este es por buscar el sencillo placer de hacerlo, es en resumidas cuentas una relación textual. Pero creo que la última relación textual que tuve, como toda buena novela, en vez de rosa se puso negra.

lunes, septiembre 10, 2012

Confesiones de verano III

Otras veces es más parecido a esto. O esto es más parecido a un circo, o el circo es como un teatro y el teatro es como esto y esto se parece más a todo. El problema principal se presenta cuando se deben repartir los papeles. ¿Quién va a querer estar del lado de las tablas sueltas? o mejor aún, jugarse la vida sin saber el final.

Un día de tantos, me dijeron que la clave es amar. ¿Pero amar qué? Esa sería una verdadera interrogante. Y en esta extraña obra, en esta extensa trama, amar el aire es un poco confuso por no decir cansado. Porque conforme la trama parece expandirse más, hacerse tan grande que no puede ser obviada ni aunque se quiera, ni aunque nos esforcemos.

Sí, puede ser que el absurdo se apodere poco a poco de la historia. Eso también puede ser.

Pero si escribir el guión en estas condiciones ya es todo un reto, no hablemos siquiera de meternos en nuestros papeles. Es casi como jugar a las escondidas sin saber con quién, contra quién, sin saber si nos toca buscar o escondernos.

Y la paso peor cuando ante el lente tenés que sonreír, y los papeles se reparten nuevamente, como una baraja. Y es evidente quién te tocar ser, pero quién queda tras la cámara, quién se quedó fuera de la escena y quién solamente cobra la entrada; eso es lo que nunca sabemos con certeza. Al menos no todos lo sabemos a tiempo.

Después, me preguntarás sobre el clima, el antojo de comer queso o la realidad, ese monstruo que habita en nuestras cabezas pero pretender independizarse. Y yo te ignoraré unos minutos, una noche, quizá una mañana, procurando que te des cuenta de mi indignación; sin embargo, lo más probable es que no preguntarás nada, y es casi un hecho que yo olvidaré todo al momento en que debas actuar para mí, conmigo.

Y de nuevo, al final de la noche, al final de las luces, de los aplausos, de memorizar tantas frases vacías, tantos nombres que nunca pude pronunciar correctamente, termino olvidando el guión y prefiero sentarme... entonces te miró desde acá, detrás del público. La rabia se acumula en mi garganta, y la trago como a un líquido viscoso.

Prefiero salir a fumar a la calle, dejar de lado el hecho de ser el que cobra en la puerta, y mejor caminar, caminar mucho silbando un tango sin pensar, con las manos en los bolsillos y los zapatos mojados. Caminar otra vez, lejos, sin conocer las calles, hasta cansarme.

lunes, septiembre 03, 2012

Rincones

En noches como esta, tengo la sensación de que andas deambulando por mi casa. Siento que en cualquier momento me asaltará tu abrazo por la espalda y me dejaré llevar por tu aroma hasta ese rinconcito cálido de tus besos.

Últimamente me suceden estas cosas, y no puedo estar seguro si es que alucino, me gusta soñar o simplemente necesito imaginarlo.