miércoles, octubre 31, 2012

Shambala

Pasarás la noche, entre calaveras de azúcar y misteriosas sonrisas. En otro lugar, lejano, perdido, sentado en el autobús miraré por la ventana, miraré la vacía carretera. La lluvia golpeará las ventanillas, posiblemente reciba una llamada poco después de salir, y alguien me dirá lo que ya esperaba. Colgaré la llamada sin mucho ánimo, y trataré de dormir sin conseguirlo.

Recorrerás el instituto, tomarás fotografías que me calaran profundo en las madrugadas, reirás con alguna sorpresa de los muertos, y te verás radiante, como siempre logras verte a pesar de llevar una pena oculta.

Llegaré a mi casa pasada la media noche, pero podré conciliar el sueño hasta las seis de la mañana. A las ocho alguien tocará a mi puerta, le responderé mecánicamente, con coherencia pero sólo para salir al paso. En la tarde no recodaré qué dije.

Así pasarán los días, los meses, hasta que nos encontremos frente a frente en el oráculo del fin del mundo.

lunes, octubre 08, 2012

En la soledad del toque de queda

La última vez que me buscó
fue para gritarme ladrón,
y no por meterme en sus sueños.
Me señaló como mentiroso,
y no necesariamente por las veces
que me escapé para que soñaramos juntos.

La última vez
que se dignó a escribirme,
fue para echar por tierra
las esperanzas que su boca, que sus dientes,
eran capaces de construir sobre mis hombros.

La última vez,
quiso borrar con el codo
las caricias que mi mano le ofreció.

Hoy su silencio resulta elocuente,
la más mortífera arma
para torturar mi paso.

Y sin embargo,
admito que abrigo la esperanza
de escuchar una disculpa, alguna palabra
que intente justificar lo inombrable.
Entonces abandonaría el mundo nuevamente,
me lanzaría a alejar espíritus
y de nuevo, le construiría un puente
entre sus sueños y los míos.

Mas esta noche me siento aquí,
a la orilla de la calle
para verla pasar.
No pierdo de vista el teléfono,
intento no alejarme mucho,
por si me desea llamar.

Pero cada hora que pasa,
cada llamada equivocada,
cada vez que alguien
me quiere contar una nueva historia que no me interesa,
se acrecienta la pena y tras un largo
y dolido suspiro,
ella aparece más cómoda
en su silencio.

domingo, octubre 07, 2012

Confesiones del No verano IV

En otras ocasiones, lidiar con la gente que cree en santos es un problema. Existe un "no sé qué" que parece cautivar a algunos (la verdad creo que tengo bastante claro qué es ese "no sé qué").

Contra los santos autoproclamados es fácil competir, bueno, en realidad es fácil ganar. Lo cansado es competir contra la fe absurda, la esperanza de los inconclusos. Contra eso, a veces no se puede.

Yo no tengo fe. Pero bueno, tengo algo similar (o algo mejor). La confianza, aspecto central para levantarme en las mañanas. Tengo confianza, mucha y en muchos, y muchos la tienen en mí. Lo que duele es que me interesaba invitarla a caminar los domingos renegando de las misas, pero parece que prefirió rezar devotamente.