sábado, noviembre 24, 2012

miércoles, noviembre 21, 2012

En la sombra de la lluvia II

-¡Claro que existe! -le contestó. Esa noche,  mientras los dragones pastaban, acercó su oído al corazón de ella -¿Ves?, de ahí viene la canción que buscas.
Alfredo Solano, La lechuza y el dragón
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Llúeveme,
mójame el cuerpo con tus besos.
Empápame de tu aroma,
cúbreme, como la noche,
con tu pelo.

Trae tus ojos como la neblina,
apura el paso,
entra a mi casa
y cierra la puerta tras de tí,
cierra la puerta
para que se quede
aquí adentro
la tormenta de tu abrazo,
la tempestad de tus besos.

Llúeveme,
empápame de tí.
No dejes
que se seque tu nombre
en mis labios.

Inunda mi cama,
moja mis sábanas,
trae el relámpago de tus caricias,
el invierno dulce de tu compañía.

Llúeveme,
esta noche,
esta vida.

Sombra de lluvia I

"...esa noche, el mundo se fue a la mierda, y nadie le avisó"
Alfredo Solano, La lechuza y el dragón

Te escribiré una carta, de esas que nunca se entregan, de las que queman el bolsillo si las guardas, de las que te amenazan por las noches y no te dejan dormir.

Una a una las palabras caerán muertas, heridas por la tinta, prisioneras sin retorno, sin aire.

Me gastaré los suspiros, mientras huyo del mundo, y el mundo me cobrará caro mi abandono, más caro aún.

Como figurilla de piedra, mi piel. Piel cansada, dura como roca, seca y fácil de olvidar. El manojo de heridas mal curadas, quedarán dentro. Como la noche en que los dragones devoraron la hierba.

Te escribiré de pronto, en la noche, cuando más falta hace que rompas la monotonía del invierno. Letra a letra, morirán las palabras.

Morirán, sin retorno, puede ser. Pero en mi boca queda una canción.

domingo, noviembre 18, 2012

Manzanas

Sueño con manzanas,
sueño en manzana,
muchas manzanas rodando
por la avenida segunda.

Manzanas que toman la calle,
que gritan, protestan.
Pañuelos, y botellas de agua
para el sol.

Manzanas dulces,
como tu boca
en los días que me besás,
en los días que gritás alegría,
rebeldía y lucha.

Sueño con manzanas,
como la que comimos juntos,
bajo el mediodía de manifestación.

miércoles, noviembre 14, 2012

El frío está en las cobijas


En momentos como este, no puedo hacer más que tirarme en la cama y fumar.

Fumar y dejar salir el humo a poquitos, lentamente; verlo como una gran nube casi inmóvil, flotando sobre mi nariz.

Cierro los ojos y puedo imaginarme un cuento, en el que estamos juntos, dormidos en una cabaña en el bosque, mientras el viento y el frío golpean la puerta.

Mi brazo se extiende sobre vos, y ambos estamos bajo las pesadas sábanas.

El silbido de una nueva ráfaga de viento afuera, me hace abrir los ojos; y la nube de humo sigue ahí, flotando. Y a pesar que el viento no logra entrar en mi casa, el frío habita aquí. El frío, que no es más que la ausencia de tu cuerpo, la distancia entre mi brazo y vos.

miércoles, noviembre 07, 2012

Confesiones del no-verano V

Por esas cosas de la vida te encuentro un día desnuda en mi habitación. Y no puedo negar la fascinación que me produce esa hermosa casualidad. La sorpresa de mirarte así, transparente, hermosa.

Cierro la puerta con cuidado para que nadie nos moleste, y cuelgo mi abrigo tras la puerta, como quien no se sorprende de encontrarte aquí, en este universo imposible.

Sonrío, con esa sonrisa nerviosa que me nace siempre que apareces frente a mí. Te ofrezco un té, compré leche en la mañana pensando que tal vez vendrías esta semana. No aceptas nada, no quieres nada de comer. Inclinas un poco la cabeza y me miras así, con esa mirada seria, profunda, la mirada que parece buscar el fondo de mis ojos, esa mirada que siento como una interrogante de dos vías.

Te acercas, pausadamente, yo sigo inmóvil. Te vuelvo a decir lo que ya conoces bien, que me encantan tus piernas, y ríes con ganas, pero rápidamente vuelves a poner esa mirada. Te acercas, tus ojos frente a los míos, cerca, muy cerca. Y te dejas ser.

A la mañana siguiente, salto de la cama, con las ganas incontenibles de sentarme a escribir un par de líneas, que no sé donde inician ni en qué terminarán. Pero necesito calmar la ansiedad que me produce la ausencia de tu boca, así que me siento y de una vez lo escribo todo.

Vuelvo a mi casa por la noche, y nuevamente, me asalta la necesidad de que fuera cierto, por lo menos un día, encontrarte por esas cosas de la vida desnuda en mi habitación.