martes, marzo 19, 2013

Bestiario personal III

XIV
En dos ocasiones sentí algo similar a unas terribles naúseas asociadas a una ansiedad insoportable. La primera vez fue simpático aunque preocupante. La segunda fue desagradable, realmente me enfermé. Estuve a punto de caer en un estado que aún hoy me genera cierta conmoción.

Tiempo después leí una descripción similar de los síntomas, y me sentí avergonzado por ser un personaje digno de una novela. Desde entonces con más razón llevo mis nauseas en silencio.

XV
El derecho a existir. Por el derecho a existir debería dejar de andar rescatando gatitos debajo de los puentes. Es algo que me trataron de enseñar desde niño y nunca aprendí bien la lección. Aún compro granizados a medio día, para regalarlos después.

XVI
Debo confesarlo: soy un terrible soñador, de esos fantasean todo el día. Quizá por eso soy bastante callado. Quizá por eso a veces muerdo a quién se acerca. Pero a lo que voy es que no vivo aquí, a veces no sé en dónde, pero estoy seguro que no es aquí ni ahora.

XVII
Dicen que hay historias que se terminan contradiciendo terriblemente. Por ejemplo, recientemente leí una en la que para consolidar un sueño se construyó un poder. Pero poco a poco al construir ese poder, se tuvo que hacer concesiones del sueño. Al final el poder terminó por devorar al sueño. Así se creó un gran abismo: entre los que se aferraban al sueño y los que se aferraban al poder.

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