sábado, abril 20, 2013

Bestiario personal IV

XVIII
No se puede evitar, es parte de la esencia misma del problema. Sin embargo, la esperanza es lo más difícil de matar. En una ocasión traté de matar de hambre a pequeñas esperanzas. Con sus terribles y enormes ojos, con sus ecuálidos cuerpecitos me reclamaban el derecho a subsitir.

En esta ocasión, no sé cómo matarlas, pues se confunde con los otros seres que habitan en mi casa.

XIX
De noche me despierto pensando, es como si pensara todo el día y toda la noche. Como si en lugar de dormir, también pensara.

Anoche me pregunté: ¿Cuál es la forma más efectiva de desechar un año del pasado y muchos del futuro? No encontré ni siquiera la respuesta para saber cuál es peor, cuál causa más daño, si el poco tiempo pasado  o el mucho tiempo futuro que nunca se realizó.

Igual con el pasado se puede coexistir, no es la primera ocasión, sin embargo sus raíces profundas llegan a ser un molesto dolor de muelas.

XX
Como el siglo, el veinte es un buen número, un número de esperanzas, logros, fracasos y espirales. Muchas espirales.

XXI
En cambio el veintiuno, como el siglo, es el momento de reflexionar los veinte siglos anteriores y reordenar las ideas y la casa. Uno nunca sabe hacia dónde termina conduciendo la vida, se intuye, se construye, pero no se controla en su totalidad. Hay decisiones que nos afectan que no son nuestras, ni lo deben de ser. Ese es uno de los problemas principales que nos meten en este zapato: decidir por lo ajeno, cuando lo ajeno debe decidir por sí mismo.

XXII
A veces es tan sencillo que se vuelve complicado. Son las fuerzas contradictorias, opuestas, destructivas entre sí, que chocan y tiran para lados opuestos; lo que hace que esta carajada absurda camine como de medio lado.

Y al final, estoy yo; sentado en el camino, o debajo de un árbol, sobre una colina. Con sombrero panamá y guayabera, leyendo las cartas que técnicamente nunca recibí.

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