domingo, julio 21, 2013

Bestiario personal VII

XXIX
Quizás lo peor sea saber que no se tiene el mismo brillo de antaño...
O quizás sea descubrir viejos vicios enquistados y nuevos fantasmas que pretenden controlarlo todo.

XXX

Lo cierto es que cada noche se puede descubrir una nueva manía, un nuevo desliz: como tirar tachuelas al paso de quien me quiera acompañar, todo sea para negar que nos duelen las cicatrices con la lluvia.

domingo, julio 07, 2013

Bestiario personal VI

XXVI
No se vive mal, es decir, no vivo mal. No lo he hecho, a pesar de las preguntas que van y vienen sobre cómo sobrevivir con los zapatos mojados.

Es decir, son más años que bestiarios los que escondo en los bolsillos de mi saco verde olivo, y aún así me sobra para comprar cigarrillos y deambular por la capital con la sonrisa torcida.

XXVII
"Míralos felices, satisfechos con su arrogancia, con su mórbido placer de ser pequeños centros de absurdos universos"

XXVIII
Al final, todos cabemos en esta carpa de circo. Y el espectáculo principal siempre está por llegar. Siempre.

No queda más que sentarse a verlos, a veces con la cara mal disimulada de no entender qué sucede en el mundo, a veces con la indolente mirada del que se sabe ajeno a todo y todos. Es como interesarse por lo absurdo, pues pareciera ser lo único que nos puede afectar. O al menos afectarnos en lo que realmente importa.

jueves, julio 04, 2013

Bestiario personal V

XXIII
Desde el balcón, en el segundo piso de un pequeño comercial, ella se distraía mirando los rótulos luminosos, ignorando mi última teoría sobre cómo los cangrejos ganaron su infame inmortalidad.

Setenta y siete horas después, yo me encontraría en un pequeño hotel de la capital, escapando del silencio nocturno. "No me mojes el pelo, que no tendría cómo explicarlo".

XXIV
Dos semanas después, los diálogos sobre la pleamar son evidentemente más absurdos cuando se destacan tres silencios incómodos. Así que con un par de golpecitos acomodo mi almohada, y me da por apagar las luces.

XXV
Debo admitir que aún hoy persiste esa extraña sensación, un dejo de nostalgia por lo que no sucedió nunca, y una triste empatía por esos recuerdos que al encender la luz, corren cojeando para esconderse detrás de las cajas de mi habitación.