jueves, julio 04, 2013

Bestiario personal V

XXIII
Desde el balcón, en el segundo piso de un pequeño comercial, ella se distraía mirando los rótulos luminosos, ignorando mi última teoría sobre cómo los cangrejos ganaron su infame inmortalidad.

Setenta y siete horas después, yo me encontraría en un pequeño hotel de la capital, escapando del silencio nocturno. "No me mojes el pelo, que no tendría cómo explicarlo".

XXIV
Dos semanas después, los diálogos sobre la pleamar son evidentemente más absurdos cuando se destacan tres silencios incómodos. Así que con un par de golpecitos acomodo mi almohada, y me da por apagar las luces.

XXV
Debo admitir que aún hoy persiste esa extraña sensación, un dejo de nostalgia por lo que no sucedió nunca, y una triste empatía por esos recuerdos que al encender la luz, corren cojeando para esconderse detrás de las cajas de mi habitación.

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