domingo, septiembre 15, 2013

Bestiario personal IX

XXXII
Entre otras novedades, ella cayó en cuenta que dos soledades no equivalen a una compañía. Yo me di cuenta que nunca encontré la puerta para salir de las habitaciones en las que viví. O en las que vivimos, da igual.

El asunto es que nunca aprendí bien cómo escribir. Pero menos aún, cómo vivir. Bueno, siendo más honestos, cómo convivir.

XXXIII
La realidad es otra cosa más que la absurda epidemia de sonreír ante todo. Quizá las mejores decisiones no son las que yo tomo. A excepción de cuando la epidemia me obliga a decidir.

De hecho, en temas de pasiones, mis decisiones quizá se caracterizan por ser las más erráticas aventuras. O al menos eso se dice. Por lo mismo este extraño historial me ha reservado un lugar en el libro de los cuentos imposibles. Está bien, eso dicen las pocas personas que me conocen.

XXXIV
Lo que sí es cierto, es que la mejor decisión que ella tomó fue la de marcharse. Es necesario admitir que lo hizo a tiempo. Hay gente que es tóxica, existe gente -como yo- que somos tóxicos. Al menos para los que no saben cómo consumir pastillas un viernes a las 3 am.

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