lunes, octubre 28, 2013

Crimen en tiempo imperfecto

En ocasiones,
me sorprendo planeando
algún crimen como este:

Debe existir un lugar
donde habitan los momentos
que nacieron muertos.

Debe existir,
estoy casi seguro.

Un espacio
donde se guardan los
recuerdos de las cosas
que nunca ocurrieron.

Un lugar un tanto descolorido,
lleno de silencios incómodos.

Un lugar donde apilar
las frases nunca dichas.

Si pudiera demostrar
que ese lugar existe,
entonces sería un intruso en sus habitaciones
y podría robar descaradamente
tantas cosas que nunca te pude contar.

domingo, octubre 27, 2013

Crónicas de seguimiento solitario

9:37 pm
"El flaco" sale de la oficina. Lo observo desde la otra acera. Cierra el portón, coloca los candados. Parece que ya se retira.

9:44 pm
El sujeto se sienta en la banca norte de la plaza central. Parece mirar la gente que pasa. Escribe un mensaje de celular. Guarda el aparato en el bolsillo de la camisa. Espera un momento. Enciende un cigarrillo.

9:59 pm
"El flaco" regresa rumbo a su oficina.

10:05 pm
Ingresa al bar que se ubica a dos cuadras de su oficina. Tira una ojeada a la gente. No se sienta. Da media vuelta y sale.

10:17 pm
Ingresa al bar de la estrella. Llega al fondo y observa las mesas. Regresa al salón exterior, se acerca a la barra, observa las mesas, examina a la gente. Toma asiento en una mesa cerca del baño. Escribe un mensaje. No ordena nada, solo espera.

10:31 pm
Sale del bar sin consumir nada. Camina al supermercado de la cuadra siguiente. Compra una caja de vino de cocina. Paga en efectivo. Se despide de la cajera.

10:48 pm
Toma el autobús a su casa.

viernes, octubre 11, 2013

Bestiario personal X

XXXV
Se aproximan esas fechas, esas horas malditas en las que huele a viento frío, a media noche y calle solitaria. Llegará la noche de siempre y vos estarás igual que hace un año, sentada frente a la ventana; y yo estaré igual que siempre mirando al vacío, con el vaso en la mano sentado en alguna esquina.

XXXVI
Era buena la muchacha. Linda también. Por suerte, para ella, escapó a tiempo.

XXXVII
A veces puede suceder, que conforme la noche llega a su momento cúspide, ese momento en el que no se escucha más que el propío respirar; se va uno hundiendo en los pensamientos más absurdos. O en los recuerdos.

Al final, mientras la noche se vuelve oscura, los recuerdos llegan y nos sacan una sonrisa. Como la noche en la que se asomaba a mi asiento, dejando sentir su respiración a unos centímetros de mi boca. O como la noche que me pedía fuego para su cigarrillo, como excusa para escaparnos por las esquinas. O bien, el momento en que lanzamos las colillas encendidas dentro de su escote.

Qué más da si son tiempo, personas y lugares distintos. Al final, todo es una marea de recuerdos capaces de arrancarme una sonrisa, todo es un silencio poblado de imágenes justo cuando la noche empieza a rendirse ante el amanecer.