viernes, octubre 11, 2013

Bestiario personal X

XXXV
Se aproximan esas fechas, esas horas malditas en las que huele a viento frío, a media noche y calle solitaria. Llegará la noche de siempre y vos estarás igual que hace un año, sentada frente a la ventana; y yo estaré igual que siempre mirando al vacío, con el vaso en la mano sentado en alguna esquina.

XXXVI
Era buena la muchacha. Linda también. Por suerte, para ella, escapó a tiempo.

XXXVII
A veces puede suceder, que conforme la noche llega a su momento cúspide, ese momento en el que no se escucha más que el propío respirar; se va uno hundiendo en los pensamientos más absurdos. O en los recuerdos.

Al final, mientras la noche se vuelve oscura, los recuerdos llegan y nos sacan una sonrisa. Como la noche en la que se asomaba a mi asiento, dejando sentir su respiración a unos centímetros de mi boca. O como la noche que me pedía fuego para su cigarrillo, como excusa para escaparnos por las esquinas. O bien, el momento en que lanzamos las colillas encendidas dentro de su escote.

Qué más da si son tiempo, personas y lugares distintos. Al final, todo es una marea de recuerdos capaces de arrancarme una sonrisa, todo es un silencio poblado de imágenes justo cuando la noche empieza a rendirse ante el amanecer.

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