domingo, noviembre 10, 2013

Bestiario personal XI

XXXVIII
Hay dolores que nos matan por dentro. Lentamente, sin piedad. Se van consumiendo lo poco que creíamos que nos ataba a la cordura, a la realidad. Y de pronto uno se encuentra ahí, en medio de la nada, mirándose a sí mismo en el espejo de la nostalgia. Simple, callado, en el terrible secreto de la intimidad.

Uno intenta reconstruir la lógica del dolor asesino, uno intenta mirarse sin lástima, para ser más objetivo, y al final, parece que no queda nada más que llorar.

XXXIX
Hay dolores, siglos de silencios que matan. Y hay, después, amores que no tienen palabras que se puedan pronunciar. O bien, sí las tienen, pero se me quedaron atascadas en la garganta; y cuando trato de pronunciarlas me nacen cosas que no tienen mucho sentido.

XL
Estoy enfermo, terríblemente enfermo. Y es algo que estoy empezando a cargar conmigo y con un par de silencios cómplices. Posiblemente cómplices por la pena lastimera, pero cómplices al fin. Y me duele. No estoy seguro dónde, si es dolor del cuerpo o es más profundo, un dolor de alma.

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