lunes, enero 27, 2014

Bestiario personal XIII

XLIV
El trece es un buen número. Es como respirar una vez que todo se termina, cuando se apagan las luces y queda vacío el escenario.

XLV
Quizá debería practicar las cartas eternas, largos discursos para luchar por tierras lejanas, esperanzas ambiguas que creí tener. O simplemente dejar que el viento corra, admitir que no lo puedo detener con mis manos; que es lo más natural.

XLVI
El décimo tercer mes del año pasó sin mucha gloria, poco faltó para que cayera el silbido del cielo y reconsquistara la melancolía. Pero no sucedió. Tampoco me desesperé buscando mi abrigo para salir a la noche.

Simplemente sonreí, y con paso tranquilo, me fui bailando como los locos por las calles.

XLVI
Caminando pensé en las sombras. Luego pensé en las esperanzas. Me divertí un poco haciendo malabares con la memoria. Llegué a mi casa y vi de nuevo el cajón de las esperanzas muertas antes de nacer. Saqué un par de ellas para jugar a las marionetas, y fue divertido, por poco vuelvo a creer que existe un lugar dentro de su pecho para mí.

Sin embargo, por suerte me llamaron al teléfono y desperté del trance absurdo que me generó su tétrica sonrisa. Hay ciertos juegos que son peligrosos, y no me refiero a los que se juegan contando estrellas.

lunes, enero 20, 2014

Uni-versos

Si preguntás no sabría qué responder. A veces dejo la puerta entreabierta para que entrés por la noche. En otras ocasiones, me da más por dormir temprano para no tener que resistirme al ritual de tus horas.

Luego miré hacia atrás y me convencí que no somos los mismo. Yo viajo en autobuses que me dejan descalzo en el barro. Vos viajás por universos donde las abejas son estrellas y en la luna una gran manzana verde.

Tenemos tres centímetros de distancia entre nuestras narices. Y siento que realmente no estamos aquí.