domingo, abril 20, 2014

Confesiones del No Verano VII

Antes de escribir esto, debería estar escribiendo 3 deudas ajenas. Sin embargo, hoy necesito confesarme. Entre los siguientes párrafos, es posible que encuentre el sesgo ajeno de la devoción a la Santísima Muerte, patrona de los excluidos.

Ayer que paseaba por el vecindario donde las estrellas se miran al revés, encontré dos vacíos hechos con premura en mi garganta.

Y es que hay formas increíbles en la magia del recordar. Hay sitios que logran mezclar, con una memoria desafiante, los elementos necesarios para hacernos tropezar contra las cosas rotas que no quisimos recoger. Cierta temperatura, la humedad del espacio vacío, el olor al piso de madera, el golpe del viento en los muros de piedra, el silencio nocturno y su orquesta de insectos desconocidos.

Más de mil noches después, los vivos y los muertos danzan alrededor de los vasos vacíos, de las habitaciones que huelen a sal.

Y sin embargo, las huellas no están tras de nosotros más.

No hay comentarios.: