lunes, diciembre 12, 2016

Espera

A veces creo que debería hacer algo, algo como qué es lo que no tengo idea.

Es decir, no es posible pasarse así el tiempo. Es como el gato, se sienta en la sala y me mira acechando.

No entiendo qué quiere, no entiendo qué piensa. Sólo se sienta y me mira en posición de acecho. Es entonces cuando pienso que él espera que haga algo.

Lo ignoro.

Aún así, se mantiene a la espera. Y esa espera va creciendo. Sale de él como una espiral gris, como varias espirales.

Se desplazan por el aire y lo primero que hacen es aferrarse a la puerta, creo que para asegurarse que no se me ocurra salir. Se enredan en la manija, trepan por las paredes y se extienden por el techo, como enredaderas.

A veces logran apagar la luz, otras veces sólo cubren el bombillo de la sala y entonces todo toma una coloración marrón.

Mientras tanto, el gato sigue agachado en el centro de la sala, con su mirada fija en mí. Ni siquiera sé si realmente me está viendo a mí o si sólo ve mi silueta. Yo sigo ignorándolo, en silencio ambos. Miro mi computadora, pero en realidad sólo veo su silueta contrastarse contra la ventana e imagino que así mismo me ve el gato. Es como ver el espacio que ocupan las cosas en el marco de la visión, sin notar realmente los detalles.

Las espirales grises siguen creciendo y apoderándose de la casa, las espirales de a espera. El aire nuevamente se pone espeso, como y hasta los sonidos que vienen de fuera pareciera que tienen dificultad para desplazarse en él.

Entonces imagino los sonidos nadando en el aire, como nadar en una piscina viscosa. Contradictoriaimente pienso en eso para ignorar mejor al gato y las espirales, para ignorar la espera que es la causante del cambio en el aire y de los sonidos.

La tarde parece llegar más pronto y se marcha más rápido de lo que llegó. Entonces se hace de noche y yo sigo mirando mi computadora frente a la ventana y el gato sigue mirándome a mí. O al espacio que ocupo en su visión.

Me levanto de golpe y camino torpemente por la habitación, busco algún papel en el escritorio para distraerme, y siento muchos deseos de salir de la casa. Pero no puedo, recuerdo que no soy yo cuando estoy así. Y me da miedo salir al mundo con espirales impregnadas en la piel.

lunes, noviembre 21, 2016

Bestiario XXIX

LXXI
Debo admitir que he resistido. Como una enhiesta roca que resiste tu vaivén. Todos los días me repito tu no-nombre como un mantra. La lentitud del tiempo cada vez que pienso no pensarte me lava el espíritu.

LXXII
Quizá lo que más he resistido es el impulso a escribir una larga carta. Esa necesidad que conoces de soltar todo sin pensar las consecuencias de un abrazo. Dibujar líneas, trazar formas que luego me aniquilarán. Algo así como convertir cada soga en un espejo. Eso, algo así como mirarse por dentro mientras espero que toques a la puerta.

LXXIII
Ya puestos a confesiones, quisiera levantarme sin sentir frío por dentro. Sin tener que recitar dónde está dios aunque no exista.

LXXIV
Esta noche estaba solo en la calle. El viento helado trataba de derribarme. Veinte minutos faltaban para la media noche, y la lluvia no perdonaba a mi abrigo. Y aún así, no podía apartar la sensación que aparecerías también, del otro lado de la calle susurrando un canto ancestral y dibujando pájaros que llevan relojes por corazón.

LXXV
Tendría que aceptar que en todo lo que hago guardo una esquina para la esperanza de verte. Es terrible, porque como araña teje un hilo en las esquinas de mi casa, a pesar que a diario la limpio.

LXXVI
No sé cómo, pero aún me despierto por las noches pensando que estás mirándome desde la ventana. Salgo a mi sala a oscuras y caigo como un idiota en la emboscada. Está ahí, sentado en el sillón tomando té. Trato de entonar un conjuro como los que hacías cada mañana, pero el recuerdo ni siquiera se inmuta. Por el contrario, parece esbozar una macabra sonrisa y se levanta. Estirando sus patas largas y delgadas tiene que encorvarse para entrar en esta casa. Lo desafío con las piedras que me dejaste, y lo que hace es ofrecerme una copa de vino. Acepto el trago y terminamos conversando hasta el amanecer. Después, sólo tengo que enfrentarme al desgano de la vida, mientras reprimo el deseo de volver a conversar por la noche.

domingo, noviembre 06, 2016

Bestiario XVIII

LXIII

No señorita, por favor, no me mal interprete. Le juro que mis intenciones no son políticamente correctas, por el contrario ni siquiera son políticas. Le puedo asegurar que lo que me motiva hoy a verle es sólo un impulso terrenal. Nada que trascienda a la humanidad, solo usted y yo.

LXIX

Esta será una entrega corta. En serio, si existe alguna duda, somos humanos. Sí, tenemos vida. O bueno, al menos pretendemos tenerla. Sé que a veces no lo logramos expresar bien y menos aún consumarlo, pero en serio queremos una vida.

LXX

Al final, todos buscamos ser felices. Sea lo que sea que eso signifique. O sea como sea que eso se logre. Pero al final eso buscamos, un impulso de satisfacción. Yo creí que al final de ese túnel, bueno, al final y hora y media más de viaje en bus, lo encontraría. Sin embargo, regresé por el túnel, con mis ilusiones políticamente acribilladas, a quemarropa y sin aviso de peligro.

lunes, octubre 17, 2016

Bestiario XVII

LVIII

Debo confesar que escribir crónicas se ha vuelto un pecado, un sacrificio ante el laurel. Sin embargo, los inciensos de laurel son los más placenteros, lo admito.

LIX

Es similar el placer de tenerla cerca. O al menos de mirarla dentro del espejo, atrapada como una libélula. Sólo que ella es de esas sonrisas que muerden y me dejan sangrando.

LX

Espero, pacientemente, que su reflejo en mi vacío termine pronto. O al menos que deje de meterse en mi cama.

LXI

Sobrealimentar algunas bestias es peligroso. Como a mi ego, que cada noche me duermo intranquilo pensando que si no le doy una dosis suficiente de alimento para saciarlo puede que despierte con un miembro superior dentro de su mandíbula.

LXII

Si lo pienso bien, lo que siempre tuvo fue un dejo de vanidad. Al menos vanidad en el sentido de un orgullo propio. Debería ser conciente y aceptarle eso, concedérselo, aunque podría concederle más. Como la noche que me dijo que no entraría en la boca del oráculo que sabría le diría ni un paso más.

miércoles, agosto 31, 2016

Remolinos

Cae,
gota a gota se deshilacha la frontera.
Uno a uno va perdiendo los pies.
Fuera existe un metro de luz,
una estrella que brilla con aromas
de alas extendidas.

La gota se arremolina
en la llama silenciosa

de su capullo.

domingo, febrero 28, 2016

Somos

Así somos. Una especie de resignación que se filtra por las rendijas de las ventanas, con el frío, con el olor de la soledad.

Ni para qué querer tanto sino sabemos qué vendrá en la madrugada. Un aire a llanto teje su telaraña en las esquinas de la habitación y tú te empeñas en sujetar mi mano con alfileres.

Deja pasar la noche que afuera la calle está muy fría y no nos hará mal relatar un cuento para los dos harto conocido.

Así somos o peor aún así estamos sin saber. Sin saber nada de nosotros, nada de quiénes somos. Ni siquiera hacia donde se debe correr al cerrar las cortinas.

Que la noche vuelva pero que tus ojos sean los que decidan cuando y cómo amanecer.