martes, junio 20, 2017

Bestiario XXX

LXXVII
Quién diría que los 30 serían como los 77. Irónico, en realidad, que los treinta sean los más imperfectos, o al menos los más dudosos de libertad.

LXXVIII
La peor duda no es la ajena, sino la propia. Como cuando se duda de lo que regresa el espejo, porque se cree que lo que ve no es lo que realmente debería verse. Sin embargo, eso en apariencia es lo que somos.

LXXIX
El problema es qué es lo que realmente somos. Lo que vemos y ven de nosotros, o lo que creemos que somos. Porque creer es una cosa, serlo y que así se perciba es otra, Al final, ¿Somos lo que creemos o lo que somos?

LXXX
Y no me refiero sólo a lo que usted, joven, está viendo de mí. O lo que no veía pero su corazón lo sentía. Sino a lo que soy. Es decir, al final, ¿dónde va todo lo hemos hecho o lo que hemos sido? Si todo muere, entonces ¿cómo saber con quién estamos hablando?

Diario de campo I

Siempre tengo iniciativas un tanto ambiciosas, pero discontinuas y por lo general se quedan a mitad de camino.

Anoche estaba pensando en que debería retomar uno de tantos proyectos inconclusos. En una ocasión pensé dedicarme a la crítica de las aplicaciones de celular. En realidad, sólo tenía curiosidad por conocer las aplicaciones de moda, para no sentirme desfasado.

Por ejemplo, cuando salió el famoso Snapchat tuve que instalarlo luego de leer varios artículos sobre cómo algunos medios de comunicación estaban utilizando la plataforma para difundir noticias en un nuevo formato, bla, bla, bla.

Cuando la instalé, me di cuenta que estaba completamente perdido. Y fue entonces donde pensé que alguien debería hacer una guía de Snapchat para gente de 30 años en adelante. Luego salieron varios artículos explicando justamente cómo usar Snapchat para nuestra generación y no morir en el intento.

Así que dejé de lado mi proyecto de criticar aplicaciones de celular. La verdad era un buen pasatiempo, pero no me motivó más allá.

También en una ocasión, pensé en recorrer todo San José (la pequeña ciudad donde vivo) probando empanadas de las soditas para hacer una breve crítica y encontrar la mejor empanada. Esa no es tan mala idea y sí la empecé. Sólo que nunca escribí la crítica porque no tenía mucho público favorable entre mis conocidos. Igual la retomaré en algún momento.

Pero bueno, anoche mientras hablaba con unos amigos, me surgió la curiosidad de...

(Si me preguntan hoy, no tengo ni idea de qué era lo que iba a escribir)

La llanura

Me he perdido. Caminé por el mismo trillo de regreso a casa pero algo parece haber cambiado. El aire está raro, las luces apagadas y un zumbido en los oídos me aturde.

Absorto en comprender porqué tengo este temblor en mis manos, camino durante horas. Caigo en cuenta de la hora y me hallo en algún lugar, muy oscuro y frío como para reconocerlo.

He seguido un hilo de pensamiento y he terminado aquí, en una llanura árida y vacía. Poca es la luz que cae de las estrellas, pero un color extraño toman las piedras, un color siniestro que nunca he visto.

Llamo con voz trémula por si alguien puede escucharme. Pero a pesar que siento una presencia sobre mi hombro nadie contesta.

Un violento golpe me arranca de la tierra, lo último que veo es la llanura de color extraño alejándose y mis brazos colgando por la violencia con que soy tirado hacia el aire. Pierdo la conciencia, no sé más de mí.

sábado, abril 29, 2017

Nocturno confuso

Estabas ahí. De blusa negra, un short de mezclilla. Hacía calor y aún así usabas una chalina que te combinaba con tus hombros desnudos.

Estabas con la  mirada traviesa, como quien buscaba al aire un sueño por crear.
Al rato, luego de 10 años de obstinada pasión, en los pasillos besabas a un tipo que no era yo. Ahí, obstaculizándonos el paso a todos, con una firmeza únicamente tuya.

Bebí me cerveza, un trago o dos y pregunté por tí, por tí pero en una forma extraña, como si no fueras tú; de hecho no lo eras, no lo eres, quizá nunca lo fuiste, pero preguntaba por tí como si nunca hubieras dejado de ser esa chiquilla que abarrotaba las mesas con tus ganas de girar lo manteles.
Luego te fuiste, como la que no eres hoy. Poco después atravesaste el salón, digna y decidida, pero te has arrepentido, como en otras ocasiones. Con tu chalina sobre los hombros.

Desde el extremo me sonríes sin verme, atraviesas el espacio sin preocuparte por el tiempo. Me sonríes y te vas. Dejo mi copa sin terminar, la aparto de mi mano, me levanto y camino. La puerta se abre como un laberinto de gente pero ahí estás, rodeada y radiante. Te miro y camino para alejarme, pero antes, tu pelo se acomoda a la instrucción de tu mano sobre la oreja y yo quedo silbando por una calle solitaria la melodía que ha rondado toda la tarde mi cabeza.

miércoles, enero 18, 2017

Duda biológica

-Ernesto, ¿Vos has pensado lo raro que somos como especie?
-¡Ay no! ¿De qué estás hablando, ya te dio otro de esos "accesos de estupidez"?
-No, no. Poneme atención. Es en serio. Mirá, pasamos todo el tiempo buscando una pareja. Alguien que esté al "alcance de la mano", cercana, a nuestro lado. Aunque en ocasiones esté igual de lejana que cualquier otra persona en el mundo, pensamos que está cerca. ¿Para qué la queremos cerca? ¿Qué nos hace necesitarla?
-Carlos, ¿Seriamente? ¿Qué haces con tu pareja?
-No, no me refiero a eso, que ya sé por donde vas. No me refiero a coger, o a charlar. Es decir, sí bueno, coger está bien. Charlar es como decir que uno busca a alguien para sentirse acompañado. Pero si ves bien, esta noche estamos solos, mi pareja, tu pareja y cientos de parejas más están en otras casas. Durmiendo solos, comiendo solos, bebiendo solos. Es decir, ¿para qué buscamos a alguien con desesperación si realmente terminamos solos?
A lo que me refiero es al momento último, al de la soledad pequeña, la íntima. La soledad en la que nuestros pasos son nuestros nada más. No me refiero al impulso de querer abalanzarse sobre alguien porque nos gusta demasiado. Me refiero a lo que está más allá de eso. Porque podemos abrazar con todas las fuerzas a otra persona, pero al final de la noche por más cercanos que estemos del otro, nuestro cuerpo es únicamente nuestro y ella estará ahí en la cama, pero eternamente lejana. Otro cuerpo aparte, diferente y ajeno. Un universo propio que poco tiene que ver con el nuestro.
Y aún cuando sea la pareja de decenas de años, no será más que otra persona, a veces cercana, a veces distante.
El impulso de llegar a ser parte de la vida de otra persona lo entiendo, o más bien, lo comprendo porque lo vivo a diario. Pero el porqué sentimos ese impulso es el mecanismo lo que no logro entender con precisión. Es decir, podría tener explicaciones sobre la naturaleza de las cosas, sobre los deseos biológicos y cómo nos condicionan. Pero más allá de eso, más allá de la biología es triste sentirse un ser atado a impulsos que nacen de las células, a impulsos meramente irracionales. Entonces, ¿Para qué gastamos nuestra vida entera buscando ser parte de otro? Y no es un pensamiento egoísta el que te estoy diciendo, es una duda pura si es que realmente existe algo que pueda llamarse así.
-Carlos, me perdí cuando decías lo de coger. Después de ahí, no entendí qué estabas diciendo.

Esa noche, apagué la luz con la sensación de tener algo frío dentro del pecho. Alguna de esas palabras me había dejado un sabor metálico en el paladar y una tristeza calada en los huesos.