miércoles, enero 18, 2017

Duda biológica

-Ernesto, ¿Vos has pensado lo raro que somos como especie?
-¡Ay no! ¿De qué estás hablando, ya te dio otro de esos "accesos de estupidez"?
-No, no. Poneme atención. Es en serio. Mirá, pasamos todo el tiempo buscando una pareja. Alguien que esté al "alcance de la mano", cercana, a nuestro lado. Aunque en ocasiones esté igual de lejana que cualquier otra persona en el mundo, pensamos que está cerca. ¿Para qué la queremos cerca? ¿Qué nos hace necesitarla?
-Carlos, ¿Seriamente? ¿Qué haces con tu pareja?
-No, no me refiero a eso, que ya sé por donde vas. No me refiero a coger, o a charlar. Es decir, sí bueno, coger está bien. Charlar es como decir que uno busca a alguien para sentirse acompañado. Pero si ves bien, esta noche estamos solos, mi pareja, tu pareja y cientos de parejas más están en otras casas. Durmiendo solos, comiendo solos, bebiendo solos. Es decir, ¿para qué buscamos a alguien con desesperación si realmente terminamos solos?
A lo que me refiero es al momento último, al de la soledad pequeña, la íntima. La soledad en la que nuestros pasos son nuestros nada más. No me refiero al impulso de querer abalanzarse sobre alguien porque nos gusta demasiado. Me refiero a lo que está más allá de eso. Porque podemos abrazar con todas las fuerzas a otra persona, pero al final de la noche por más cercanos que estemos del otro, nuestro cuerpo es únicamente nuestro y ella estará ahí en la cama, pero eternamente lejana. Otro cuerpo aparte, diferente y ajeno. Un universo propio que poco tiene que ver con el nuestro.
Y aún cuando sea la pareja de decenas de años, no será más que otra persona, a veces cercana, a veces distante.
El impulso de llegar a ser parte de la vida de otra persona lo entiendo, o más bien, lo comprendo porque lo vivo a diario. Pero el porqué sentimos ese impulso es el mecanismo lo que no logro entender con precisión. Es decir, podría tener explicaciones sobre la naturaleza de las cosas, sobre los deseos biológicos y cómo nos condicionan. Pero más allá de eso, más allá de la biología es triste sentirse un ser atado a impulsos que nacen de las células, a impulsos meramente irracionales. Entonces, ¿Para qué gastamos nuestra vida entera buscando ser parte de otro? Y no es un pensamiento egoísta el que te estoy diciendo, es una duda pura si es que realmente existe algo que pueda llamarse así.
-Carlos, me perdí cuando decías lo de coger. Después de ahí, no entendí qué estabas diciendo.

Esa noche, apagué la luz con la sensación de tener algo frío dentro del pecho. Alguna de esas palabras me había dejado un sabor metálico en el paladar y una tristeza calada en los huesos.

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