sábado, abril 29, 2017

Nocturno confuso

Estabas ahí. De blusa negra, un short de mezclilla. Hacía calor y aún así usabas una chalina que te combinaba con tus hombros desnudos.

Estabas con la  mirada traviesa, como quien buscaba al aire un sueño por crear.
Al rato, luego de 10 años de obstinada pasión, en los pasillos besabas a un tipo que no era yo. Ahí, obstaculizándonos el paso a todos, con una firmeza únicamente tuya.

Bebí me cerveza, un trago o dos y pregunté por tí, por tí pero en una forma extraña, como si no fueras tú; de hecho no lo eras, no lo eres, quizá nunca lo fuiste, pero preguntaba por tí como si nunca hubieras dejado de ser esa chiquilla que abarrotaba las mesas con tus ganas de girar lo manteles.
Luego te fuiste, como la que no eres hoy. Poco después atravesaste el salón, digna y decidida, pero te has arrepentido, como en otras ocasiones. Con tu chalina sobre los hombros.

Desde el extremo me sonríes sin verme, atraviesas el espacio sin preocuparte por el tiempo. Me sonríes y te vas. Dejo mi copa sin terminar, la aparto de mi mano, me levanto y camino. La puerta se abre como un laberinto de gente pero ahí estás, rodeada y radiante. Te miro y camino para alejarme, pero antes, tu pelo se acomoda a la instrucción de tu mano sobre la oreja y yo quedo silbando por una calle solitaria la melodía que ha rondado toda la tarde mi cabeza.

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